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La rebelión de las masas / José Ortega y Gasset ; introducción de Julián Marías.

By: Contributor(s): Material type: TextTextLanguage: Spanish Series: Austral. ContemporáneaPublication details: Barcelona : Espasa, 2010Edition: 44ª ediciónDescription: 323 p. : il. ; 19 cmISBN:
  • 9788467033533
  • 8467033533
Subject(s): LOC classification:
  • CB 103  O77r 2010
Summary: La rebelión de las masas es, principalmente, un diagnóstico de época. Sin embargo, no ofrece el remedio para combatir el imperio de las masas, el cual Ortega ya ve materializado en las pretensiones tanto de los fascistas como de los comunistas. A pesar de su elevada estima respecto a la contribución histórica de la nobleza, Ortega no propugna un regreso de la aristocracia. Su ideal político son las democracias liberales del siglo XIX, en las cuales el poder del Estado se autolimita y ofrece protección y espacio a las minorías políticas. Si bien Ortega no fue un auténtico demócrata, tampoco fue un antidemócrata. Su idea de la democracia está ligada al prerrequisito, según el cual, no son las masas las que dirigen al Estado, si no que éstas son las que han de aprobar las decisiones de las élites. La queja acerca de la superficialidad de las masas y su incapacidad para emitir juicios es uno de los conceptos del pensamiento conservador más empleado, desde Alexis de Tocqueville, pasando por Gustavo Le Bon hasta llegar a Osvaldo Spengler, cuya idea sobre la decadencia de Occidente Ortega no compartía. Este último hacía hincapié en la vitalidad de Europa, aunque había que superar la ignorancia y falta de conciencia histórica general. La crítica de Ortega a las masas está inspirada en el concepto de Federico Nietzsche de una plebe vaga y estúpida que sólo responde a su instinto de rebaño, que tiraniza a las personas de excepción y que es susceptible de dejarse impresionar con frases hechas. Ortega desarrolló su filosofía de la vida influido por los filósofos alemanes Martin Heidegger y Wilhem Dilthey, y la resumió en su célebre frase: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Así, la personalidad sería sólo una parte del Yo. La otra parte vendría dada por las circunstancias en las que se nace. Ortega fue seguidor de un ideal estético, según el cual el arte y la filosofía no han de tener fines ni estar ligados a ningún objeto práctico de la vida diaria. Además, suscribía la opinión de que los surrealistas, dadaístas y futuristas eran unos superficiales que no formaban parte de la vanguardia del arte, caracterizándolos como un típico producto de las masas.
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Libro Libro Biblioteca Juan Bosch Biblioteca Juan Bosch Recursos Regionales Recursos Regionales (2do. Piso) CB 103 O77r 2010 (Browse shelf(Opens below)) 1 Available 00000164780

La rebelión de las masas es, principalmente, un diagnóstico de época. Sin embargo, no ofrece el remedio para combatir el imperio de las masas, el cual Ortega ya ve materializado en las pretensiones tanto de los fascistas como de los comunistas.
A pesar de su elevada estima respecto a la contribución histórica de la nobleza, Ortega no propugna un regreso de la aristocracia. Su ideal político son las democracias liberales del siglo XIX, en las cuales el poder del Estado se autolimita y ofrece protección y espacio a las minorías políticas.
Si bien Ortega no fue un auténtico demócrata, tampoco fue un antidemócrata. Su idea de la democracia está ligada al prerrequisito, según el cual, no son las masas las que dirigen al Estado, si no que éstas son las que han de aprobar las decisiones de las élites.
La queja acerca de la superficialidad de las masas y su incapacidad para emitir juicios es uno de los conceptos del pensamiento conservador más empleado, desde Alexis de Tocqueville, pasando por Gustavo Le Bon hasta llegar a Osvaldo Spengler, cuya idea sobre la decadencia de Occidente Ortega no compartía. Este último hacía hincapié en la vitalidad de Europa, aunque había que superar la ignorancia y falta de conciencia histórica general.
La crítica de Ortega a las masas está inspirada en el concepto de Federico Nietzsche de una plebe vaga y estúpida que sólo responde a su instinto de rebaño, que tiraniza a las personas de excepción y que es susceptible de dejarse impresionar con frases hechas.
Ortega desarrolló su filosofía de la vida influido por los filósofos alemanes Martin Heidegger y Wilhem Dilthey, y la resumió en su célebre frase: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Así, la personalidad sería sólo una parte del Yo. La otra parte vendría dada por las circunstancias en las que se nace.
Ortega fue seguidor de un ideal estético, según el cual el arte y la filosofía no han de tener fines ni estar ligados a ningún objeto práctico de la vida diaria. Además, suscribía la opinión de que los surrealistas, dadaístas y futuristas eran unos superficiales que no formaban parte de la vanguardia del arte, caracterizándolos como un típico producto de las masas.

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